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TERAPIA ASISTIDA ANIMAL

La terapia asistida animal (TAA) se define como el proceso de intervención a corto o largo plazo con ayuda del animal que fue entrenado, para lograr que un individuo pueda mejorar su calidad de vida en los cuadrantes físico, emocional, cognitivo y social, para que, por medio del autoconocimiento, y crecimiento personal, una vez concluida la etapa de intervención, logre dar un sentido a su sufrimiento (resiliencia).

El animal sirve como puente entre el manejador (profesional de la salud o terapeuta) y el usuario, para crear un vínculo emocional mucho más rápido y efectivo.

El manejador y el perro (en este caso) forman un binomio basado en la confianza y el refuerzo positivo. El manejador debe graduarse en etología aplicada y como guía de su perro de terapia. El perro también se gradúa para poder dar un servicio efectivo. El animal tiene un estricto control médico, es decir, cuenta con su cartilla vigente y se aplica un desparasitante cada cuatro meses para que esté en perfectas condiciones médicas.

El área de trabajo de la terapia asistida es inmensa, donde exista un usuario que necesite comprensión y empatía, que sufra de ansiedad o miedo, ahí habrá una oportunidad para desarrollarla de manera exitosa.

La TAA en tanatología (terapia en duelo) es muy valiosa pues ayuda a disipar la tensión y es un excelente distractor para las personas que tienen fobia a la muerte.

La ciencia avala la TAA por los grandes beneficios que se han registrado a lo largo de los años, algunos de éstos, son:

-Ayuda a integrar la pérdida de una manera más natural.

-Elevan la autoestima y ayudan a los adultos mayores con la memoria.

-Existe menor resistencia para el doliente para recibir apoyo tanatológico.

-Existe la expresión de las emociones de manera casi inmediata, una de las tareas fundamentales para poder sanar una pérdida.

-Disminuye la fobia hacia el tema de la muerte.

-El perro brinda en el ambiente funerario, una sensación de paz y confort durante el servicio funerario.

-Ayuda al doliente a disminuir o disipar por completo los terrores nocturnos en los pequeños durante la etapa de duelo.

-Ayuda a que el doliente exprese sus sentimientos y emociones de una manera más sincera y más rápida que sólo ante la presencia del tanatólogo (terapeuta en duelo).

-Disminuye los ataques de ansiedad y pánico durante el servicio funerario.

-Disminuye los síntomas físicos y emocionales negativos durante los ritos socio-religiosos (palpitaciones, cefaleas, opresiones en el pecho, falta de memoria, etc.)

-Fomenta el diálogo asertivo entre el profesional en matera de duelo y el deudo. El perro es un puente para crear un vínculo emocional efectivo.

-Disminuye la etapa de enojo y disminuye estados agresivos durante el duelo, en los niños y en adultos.

-Es un distractor para personas nerviosas o con ataques de ansiedad.

-Ayuda al doliente a evitar el estrés post-traumático

-Son ideales para dolientes que sufren alguna discapacidad (mental, física, emocional.)

-Disminuye el uso de ansiolíticos prescritos durante el duelo.

-Es fuente de motivación durante la etapa depresiva, entre otros.

 

Cuando el perro de terapia está acompañado por un tanatólogo, este vínculo resulta mucho más efectivo que cuando el manejador no pertenece al área de salud. El perro y el tanatólogo, crean un binomio efectivo, para poder llegar a la raíz del dolor y ayudar a superar la pérdida.

La tanatología es una rama de la psicología humanista y atiende profesionalmente cualquier tipo de pérdida. Los beneficios de ser acompañado por un tanatólogo son:

-Brinda comprensión y empatía

-Acompañamiento empático, libre de cualquier juicio.

-Añade al doliente la sensación de que no está solo durante el período de duelo.

-Trabaja el duelo desde la perspectiva del deudo.

-Disminuye estados de ansiedad durante el duelo.

-El deudo encuentra un sentido a pesar del sufrimiento.

-Se trabaja la autoestima del deudo que llega a perderse o disminuir con la pérdida del ser amado.

-Explica de una manera clara y sencilla el tema del morir en los pequeños desde los cuatro años.

-Ayuda a comprender que la muerte no es una prueba o castigo sino un proceso natural, entre otros.